Dosificar para dominar

PájaroSi quieres, por irresponsable que sea, incurre en excesos cuando se trate de tomar alcohol, pero nunca, bajo ninguna circunstancia, te excedas en elogios hacia ellas. De lo bueno poco, dicen los experimentados, y en este caso aplica más que nunca porque al ego de una mujer hay que saberlo domar, de lo contrario puede acabar mordiéndote, hundiéndote en la depresión y hasta haciéndote pensar que a pesar de todas las inversiones que realizaste y de todas las pláticas aburridas que soportaste intentando llevártela a la cama, eres poca cosa para ellas. Más es menos, en marketing y en las relaciones sentimentales.

La vida difícil de un pájaro me iluminó para entender cómo debemos tratar a las mujeres cuando nos encontramos en ese proceso diplomático de estira y afloja, palabras éstas últimas que curiosamente ilustran el resultado de aquello que hacen hombre y mujer cuando el contrato se cierra, uno se estira y la otra afloja (vulgar, pero mi cerebro me pidió escribirlo). Mientras veía a ese pajarito que sacaba un papelito para poder por fin alimentarse con un granito de alpiste, entendí que eso es justo lo que debemos hacer. Darles lo suficiente para que se mantengan vivas, para que no se les borre la sonrisa y no quieran irse con otro que les proporcione elogios que van directo al cerebro, pero también lo mínimo indispensable para que no deseen escapar de la jaula empachadas por tanto cariño o detalles retóricos. No permitas la obesidad de su ego, la gordura no es buena en ninguna de sus formas.

El cuidado que debes poner al lanzar elogios es directamente proporcional al tiempo que tardó la susodicha en aceptar salir contigo por primera vez. Si le insististe y no aceptó sino hasta la cuarta o quinta ocasión que se lo pediste, deberás ser frío, distante, incluso desinteresado. Ella acudirá con la garantía de que pretendes algo con ella. Para decirlo en términos futboleros, ella se presentará con un planteamiento defensivo, esperando que sea el otro el que lo ataque. Ahí entra el arte de la confusión. No hables de un hipotético ustedes, concéntrate en banalidades, contéstale el teléfono a tus amigos, lanza dos o tres bromas como ataque inesperado y espera a que pase el tiempo. Si ella empieza a sonreír y a mostrarse más cercana, has logrado el primer paso, sino, si todo se mantiene frío y no te habla más que generalidades, te habrás ahorrado una posible humillación y la harás irse con una derrota directa al ego.

Bajo la estrategia anterior, o te vas con una victoria por cuando menos haberla besada, o con un empate, que en el futbol sería victoria pues lo conseguiste en calidad de visitante, con ella a la defensiva esperando que te abrieras para sorprenderte en un contragolpe.

Cada que salgas ve con un gotero para tus palabras. Si no lo haces por ti, hazlo por los demás, que ya de por sí tenemos que aguantar que al menos los albañiles le inflen el ego a cualquiera que se ponga falda o pantalón ajustado. Y como no es nada más cantidad sino calidad, ya después escribiré sobre cómo decir sin conceder.

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